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CARTA dirigida a la Senadora Ileana Ros-Lehthinen, Congreso de los Estados Unidos de America
Centro Penitenciario de Yare, 11 de Julio del 2005
Honorable Ileana Ros-Lehtinen
Congreso de los Estados Unidos de América
Distrito 18, Florida
USA.
En Su Mano
Me dirijo a Ud, como venezolano, militar, padre de familia y fiel creyente y defensor de los derechos naturales universales del hombre en toda sociedad que se precie de tal y en mi condición de prisionero político de Hugo Chávez, en la oportunidad de exponerle sucintamente mi caso, el cual lamentablemente es repetitivo en el devenir político de nuestro País.
Soy militar con el grado de General de División de la Guardia Nacional de Venezuela. Mi último cargo como activo de la FAN, fue el de Director del IAEDEN (Instituto de Altos Estudios de Defensa Nacional), cargo que desempeñé hasta el momento en que me declaré disidente y objetor de conciencia del régimen que nos gobierna en forma pública el 22 de Octubre del 2002, cuando en unión de varios compañeros y con respaldo de la gran mayoría del pueblo Venezolano, me declaro en DESOBEDIENCIA LEGÍTIMA de acuerdo a los artículos 333 y 350 de la Constitución de la República Bolivariana de Venezuela, hecho público y notorio, ocurrido en la Plaza Altamira de la Ciudad de Caracas.
Lo que motivó mi decisión al declararme en desobediencia Legítima fue el creciente deterioro institucional sufrido por la Fuerza Armada Nacional ante las órdenes emitidas por el Presidente de la República, las cuales iban en contra de los principios y valores fundamentales dentro de esta Institución, amén de la afectación negativa a otras instituciones básicas que siempre habían sido regidas por una verdadera democracia y a los Poderes Públicos fehacientemente secuestrados por el ejecutivo y puesto al servicio de una revolución inconsistente dirigida a satisfacer las ansias de poder y dinero del Presidente Hugo Chávez y sus servidores.
En el caso particular de las Fuerzas Armadas Nacionales baste citar la comunión ideológica y económica con el régimen de Cuba, y regímenes similares de todo el mundo, además de la estrecha relación de la guerrilla colombiana con el presidente, hecho del que puedo dar fe y testimonio.
Por este motivo y por el estado de represión en que vive el país, ante la ausencia de una justicia imparcial, el irrespeto al debido proceso jurídico legal, por los hechos que indican el forjamiento de expedientes, la fabricación de falsas evidencias y por la preservación de mi integridad física me vi en la necesidad y obligación de pasar la clandestinidad el 23 de Noviembre del 2003.
Desde ese mismo momento, de cada hecho repudiable cometido en el país, surgía en primera instancia y en boca de los representantes del régimen una acusación que me involucraba como autor o partícipe de dichos actos deplorables, acusaciones que quedaron plasmadas en las diversas entrevistas que reposan en los archivos de prensa y televisión. En muchos casos, estas acusaciones, ante las evidencias irrefutables quedaban anuladas pues gracias al trabajo de periodistas y medios que tras arduas investigaciones, dejaban al descubierto a los verdaderos culpables o simplemente las dudas razonables eran tales que desarmaban cualquier imputación.
Esta situación se repitió sistemáticamente durante los dos años que permanecí en la clandestinidad. Años en los que si trabajé por la restitución del sistema democrático, pero no como se quiere hacer ver ante la opinión pública nacional e internacional. En efecto me dedique a la búsqueda de pruebas y evidencias que dejaran al descubierto las verdaderas intenciones de este régimen forajido, pues a lo largo de esas investigaciones logramos comprobar que los lazos que unen a Hugo Chávez con la guerrilla colombiana y otros grupos terroristas internacionales.
Gracias a ese trabajo de investigación, que fue en lo que realmente me ocupé a fondo, se hicieron diversas denuncias públicas a través de compañeros de lucha y de mi mismo, por lo que ante la gravedad de las denuncias, evidentemente nos convertimos en un peligro potencial para los fines y objetivos del régimen de Hugo Chávez. Fue tanto así que se publicaron pasquines ofreciendo altísimas recompensas por mi captura y la de otros compañeros militares.
Mi familia fue permanentemente hostigada, mi casa, allanada en varias oportunidades y mis hijos detenidos en plena calle para amedrentarlos y obligarlos a delatar mi paradero, lo cual ignoraron durante todo ese tiempo.
Finalmente soy capturado el cinco (05) de Febrero del año en curso, y es cuando se me imputan ocho (8) delitos, fundamentados en confesiones obtenidas mediante torturas proferidas a disidentes civiles detenidos durante el tiempo que duró la protesta en la Plaza Altamira, obligándolos a firmar declaraciones que no se corresponden con la realidad pero que si convienen a los propósitos de imputar a quienes como yo se han atrevido a levantar su voz de protesta contra este régimen, cargos estos completamente ajenos a lo que ha sido mi espíritu y estilo de lucha por recuperar el sistema democrático y de libertades en Venezuela.
Fui recluido provisionalmente en la Dirección de Inteligencia Militar DIM donde se me torturó física, psíquica y moralmente durante 45 días, actitud que en estos momentos rige a los Cuerpos de Seguridad del Estado, hoy invadidos y usurpados por miembros del G2 cubano y que corresponde al patrón represivo que en mayor o menor grado se ha venido manejando para disuadir y aterrorizar a la disidencia. Finalmente gracias a la presión ejercida por mis abogados, las ONG que luchan por los derechos humanos y por grupos de ciudadanos civiles, la Juez que lleva el caso, autoriza mi traslado a un centro de reclusión militar, sin embargo saltando todas las normas legales y siguiendo órdenes superiores, fui trasladado a un centro penitenciario de alta peligrosidad, totalmente inadecuado para un militar que se ha desempeñado durante toda su carrera en el combate contra el delito y los delincuentes.
En mi caso, he sido tratado como el peor de los delincuentes sin que ni siquiera de haya iniciado el juicio por los cargos que hay en mi contra y que de existir un sistema judicial apegado a las normas del derecho, quedaría claro que son sin fundamento.
La violación de Derechos Humanos a mi persona y familia, ha sido sistemática y persistente, ya expuestos a través de los canales regulares ante las autoridades nacionales e internacionales correspondientes y confirmo que en los actuales momentos, peligra mi integridad física, por la orden dada de acabar con mi vida a través del sicariato político por parte del Régimen, aprovechando uno de los tantos motines o revueltas que se producen dentro de un penal de las características de este donde me encuentro actualmente, pasando a ser éste hecho una cifra más en las macabras estadísticas del País.
Aún a pesar de estar detenido, mi familia continua siendo hostigada y vejada cada vez que viene a visitarme y a traerme lo necesario para poder subsistir, situación que no ha cesado en ningún momento y que se convierte en toda una tortura para ellos y para los que quieren brindarme su solidaridad.
Sin embargo me enorgullezco al manifestar que mi voluntad de lucha en la consecución de una verdadera democracia para Venezuela, se mantiene inquebrantable.
En virtud de lo anteriormente expuesto y muy respetuosamente solicito ante ustedes honorables miembros de tan digna Comisión, den curso al presente documento y sus anexos, ante las instancias que sabiamente ustedes consideren, a fin de prever las medidas necesarias al alcance de esa honorable organización, que garanticen el respeto de los Derechos Humanos de los ciudadanos y en este momento y en especial de los que como yo son presos políticos de este régimen e intentar preservar así, nuestra integridad física así como la de nuestras familias y la de nuestros más cercanos colaboradores, la de mis compañeros de armas, la de opositores emblemáticos al régimen venezolano. Confío en los buenos oficios de tan alta Comisión que ha demostrado a lo largo de su historia, luchar por los derechos humanos de los ciudadanos de América Latina y el mundo sin distingo de raza, nacionalidad o credo político.
No pretendo, con esta carta, excusarme de la más mínima de las actividades, que he realizado en honra a mi patria y sus ciudadanos. Mi posición disidente y mis denuncias permanentes contra este régimen traidor a la Patria, así como todas mis actuaciones han sido hechos pacíficos, no soy, ni seré, ni practico actos terrorista, pero tampoco me retractaré o cambiaré mi conducta pacifica pero firme de protesta, lo cual considero es un derecho de los pueblos libres, ni lo haré, mientras la orientación del régimen mantenga su intención de secuestrar nuestro sistema de vida y el de los habitantes del continente, mediante un proceso ajeno a los principios y valores del sistema democrático.
Agradeciendo su atención a la presente, queda de Ud.
Gral. Div. (GN) FELIPE ORLANDO RODRIGUEZ RAMIREZ.
PRISIONERO POLÍTICO DEL RÉGIMEN DE HUGO CHAVEZ.
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